La educación sensorial en la etapa infantil

La educación sensorial en la etapa infantil es de gran importancia para el correcto desarrollo de los más peques. Y es que simple y llanamente, la educación sensorial trabaja los sentidos del pequeño, enseñando a comprenderlos, manejarlos y usarlos. Además, la educación sensorial se centra los siguientes objetivos:

  • Mejorar capacidades sensoriales
  • Fomentar la rapidez de transmisión sensorial (receptor-cerebro) y su correspondiente respuesta (cerebro-órgano).
  • Fomentar el desarrollo cognitivo a través de una buena educación sensorial.
  • Mejorar la discriminación de estímulos sensoriales mediante los 5 sentidos: tacto, vista, olfato, gusto y oído.
  • Ser capaces de estructurar la información recibida a través de los sentidos.
  • Conocer el entorno y sus elementos a través de los sentidos y el contacto directo con estos.

Con estos objetivos en mente, la tarea del educador siempre será la organización de actividades y métodos que provoquen el desarrollo sensorial que se busca. Sobre todo, teniendo siempre en cuenta las dificultades y características de cada niño. De esta manera, el juego es en realidad la base de todo lo que hablamos, ya que a través de este los pequeños son capaces de concentrarse y aplicar todo lo anterior a la vez que se divierten. Durante los primeros años del pequeño, es cuando más cuidado debemos tener, tratando de potenciar en todo momento los aspectos sensoriales de manera positiva. Creando entornos que enfoquen en la buena dirección.

Etapas de la educación sensorial

Como es lógico, la educación sensorial se irá adaptando progresivamente conforme el niño crece, adecuando su intensidad y dificultad. Las necesidades educativas irán cambiando, por lo que se deben seguir unas pautas que veremos a continuación:

  • De 0 a 3 meses: Hay que seguir los horarios y el ritmo marcado por el bebé
  • De 4 a 6 meses: Luz tenue en la habitación. Hablar y consolarlo. Comenzar a incorporarlo poco a poco a la vida social.
  • De 7 a 9 meses: Antes de dormir, tener una rutina de juego o entretenimiento básico. Fomentar el gateo (nada de andadores), lectura de cuentos, no gritarle, enviarle estímulos positivos como sonrisas, etc…
  • De 9 a 12 meses: Establecer un horario para sus necesidades. Consolar su llanto de manera comprensiva. Dejarlo gatear por diferentes zonas, así como incorporarle calzado si es necesario. Ponerle nombre a los objetos.
  • De 12 a 18 meses: Controlar las reacciones. Empezar a realizar algo de ejercicio. Trabajar la precisión de movimientos manuales. Trabajar la expresión gestual y verbal.
  • De 18 a 2 años: Cualquier expresión gestual y verbal se debe potenciar al máximo. Motricidad gruesa, interrelación de los sentidos, precisión de cualquier tipo de movimiento…
  • De 2 a 3 años: Trabajar las situaciones placenteras. Control de reacciones a un mayor nivel. Relacionar adecuadamente los distintos sentidos y la información que nos transmiten Relación cuerpo-mente.
  • De 3 a 6 años: Comunicación a través de todos los medios de expresión. Razonamientos lógicos. Conocimiento amplio del cuerpo. Autonomía en actividades del día a día, trabajo en grupo, aceptación de normas.
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